sábado, 18 de febrero de 2017

UNA HISTORIA BREVE PERO INTENSA

 LA CLÍNICA DE MICROFICCIÓN es un ámbito dedicado a quienes gustan de las historias más intensas en formatos breves. Se gestó durante 2011 en el Espacio El Aleph de Bahía Blanca, Argentina, y creció durante el Encuentro Multicultural del Caribe (Santiago de Cuba, 2012) donde fueron ofrecidos talleres con participación de autores y lectores de todo el mundo, y metodólogos de distintos distritos del país coordinadores de Talleres de Escritura. 


EN LA FERIA Internacional de Buenos Aires (V Jornada Microficcionista, 2013, Argentina) se profundizó la experiencia caribeña agregando nuevo material, y en la Fundación Borges fue presentado el libro 'La impura verdad', con ficciones breves y un ensayo sobre el género. Hoy la Clínica se dicta de manera presencial en cualquier ciudad o país que lo solicite, y también propone diseños virtuales para que el tiempo y la distancia ya no sean obstáculos.


ESTE ES EL SITIO oficial de la CLÍNICA DE MICROFICCIÓN, a cargo de de un equipo perteneciente al Espacio El Aleph de Argentina dirigido por el escritor Edgardo Ariel Epherra, con respaldo de amigos de ineludible referencia en el género.

Responderemos personalmente dentro de las 48 horas cualquier inquietud que quieran enviarnos al correo tallerelaleph@yahoo.com.ar

miércoles, 1 de febrero de 2017

LA CLÍNICA, DONDE ESTÉS...


2011, Bahía Blanca: El Espacio El Aleph introduce Teoría y Práctica de la Narración Breve en su Programa de Talleres Literarios. La exitosa experiencia deriva en el diseño de la Clínica de Microficción, que tuvo entonces su primer capítulo y volvería a realizarse en la ciudad en 2013. Participan cuentistas y poetas de El Aleph y de otros ámbitos.
2012, Santiago de Cuba: Clínica de Microficción para Metodólogos 
que coordinan Talleres en numerosos distritos del país.
2013, Buenos Aires: Clínica de Microficción para lectores y escritores 
que comparten la pasión por el género. Participantes de Capital Federal, provincias, y estudiantes extranjeros residentes en Argentina. Organiza: Espacio El Aleph. Auspicios del Sitio CuentosyMás, ediciones Macedonia, Fundación Jorge Luis Borges, Secretaría de Cultura de la Nación y Sociedad Argentina de Escritores.

 2015, Buenos Aires:  Concurso 'El Aleph' de Microficciones: finalistas

jueves, 10 de noviembre de 2016

EXPERIENCIAS RECIENTES: TEA y SADE

Coloquio Argentino de Microficcionistas en el 
Taller Escuela Agencia (CABA)

Clínica de Microficción en la 
Sociedad Argentina de Escritores (CABA)






Registrados con número de acreditación: 

Daniel Aguayo  001, Juan José Panno  002, Guillermo Ries Centeno 003,    
Leticia Schnaider 004, Diego Lanis  005, Cristina Ghiringhelli  006, Adriana Baldesari   007, Patricia Chabat  008, Liliana Savoia  009, Jorge García Pinto  010, Michele Bedoya  011, Jorge Moreno  012, Durval Abásolo 013, Marina Guarnieri 014, Fabiana Mastrangelo  015, Lidia Rissotto  016, Teresita Saint Esteban 017, José García Pinto  018, Laura Calarota  019, Braulio Senda  020, Daniel Leuzzi  021, Juan Pedro Alvelo y Araujo  022, Agustín Stamati  023, Viviana Rivelli  024, Evert Poll  025,  Carlos Elbert  026,  Alexandra Jamieson  027, Gladys López Riquert  028, Silvia Cadile 029


¡Gracias! a los auspiciantes de las Clínicas:

  








              

jueves, 5 de mayo de 2016

PRODUCCIÓN DE ALGUNAS CLÍNICAS Y TALLERES

MAGIA

Yo me acuerdo muy bien del último cumpleaños de la tía Enriqueta. Lo único que quedó fue esa foto de la mesa en el patio, que alguno sacó antes del festejo.  Todos insistieron en celebrar a lo grande. ¡Grande era la tía Enriqueta que confundía a su hermana con su hija y a su hija con su mamá!  Para qué diablos lo querían festejar. Y con globos y regalos absurdos. Mi cuñada, la Sofi, le regaló un collar con piedras de colores, y la pobre Enriqueta creyó que eran confites y se los comía. Y el tío Oscar le trajo un frasco de perfume. Cuando nos descuidamos la vieja tenía la cabeza toda mojada con un olor espantoso a esa fragancia barata. Yo aproveché y no le regalé nada; si ella ni se avivaba. Esa plata hacía más falta para una docena de pañales o para la comida. Pero no, el festejo, el festejo. Y para rematar: un mago. ¡Sí, un mago!  Les dije que magia había que hacer con la tía Enriqueta para pagar los remedios y la enfermera que venía a bañarla. Y ellos, que no, que este mago cobraba barato, que era recomendado, que traía un ayudante…  Bueno: esa parte se cumplió; lo del ayudante, digo. El pibe fue el que nos encerró en el dormitorio apuntándonos con un bufoso mientras el mago hacía desaparecer todo lo que se afanaron de la casa.
Gladis López Riquert


GUARDIA DE CENIZAS

            Después de dos años Renato volvía  a su casa . Se cuidó de llegar a la hora de la siesta, cuando el barrio entero dormía. Sigilosamente abrió la puerta. Las bisagras oxidadas dieron el alerta y desde el dormitorio su esposa Jacinta gritó : '¿Quién anda? ¡Quién anda!'. Renato se paralizó. La mujer otra vez estaba haciendo de las suyas. Entonces subió resignado la polvorienta escalera, entró sin golpear, levantó las sábanas y se acostó. En el dormitorio no había nadie.
Diego Lanis


CONTRA RELOJ

Pasado en años y consciente de que sus horas están contadas, el hombre comienza a desprenderse de aquellas cosas que resumen su vida. Fotos, libros y viejos documentos son arrojados al fuego que arde manso y silencioso. Por último, el anciano se desabrocha su antiguo reloj y lo ve consumirse entre las llamas. Concluido el ritual, vuelve gateando hasta su cuarto, balbuceando una canción de cuna que acaba de aprender.
Maryana Pérez

RECURSOS

            Pensativo, calculó su próximo movimiento: “Tengo que optimizar el uso de los recursos, minimizar los costos y mejorar la calidad del producto”. Como se sabe, le bastó con una costilla de Adán para lograrlo.
Ana María Villalobos

UN MIEDO EXTREMO

             La justicia por fin se expidió. Era el día, llegaba la hora. Iván esperaba en su celda. Pasó muchos años en prisión pero no estaba preparado para lo que seguía. Nadie nunca está listo para esto, pensó. Se levantó del camastro. Se acercó a la reja. Recordaba cuando era bebé, agarrado a los barrotes de su cuna, en tiempos en que tenía mamá y papá y un futuro. Movió la cabeza para deshacerse de esas imágenes porque la angustia le subía del estómago a la garganta. Se abrió la celda y lo sacaron. Mientras caminaba por el corredor se preguntaba si alguien allí lo echaría de menos, y sentía lo absurdo de ir esposado. ¿Adónde iba a ir?  Se abrió la última puerta. Iván entró en pánico. Los guardias lo asistieron tratando de controlar su agitación. Cuando se recompuso dejó el penal pero estuvo un largo rato mirándolo inmóvil desde la vereda de enfrente.
Celina Costa

RUNDÚM

            Pablito habla solo frente al espejo.
            -¿Con quién hablás? - pregunta la madre.
           -Con mi amigo Rundúm, pero vos no lo ves porque ya se fue -contesta.
            -Imaginación infantil -piensa la madre.
            Un día cuando Pablito no está en la casa, el marido encuentra a su mujer hablando sola frente al espejo y pregunta:
            -¿Con quién hablás?
            -Con Rundúm, pero vos no lo ves porque ya se fue -responde ella.
            Sensibilidad femenina –piensa el hombre.
            Al tiempo el padre mira hacia el jardín y ve a un niño desconocido que habla solo. Se acerca y le pregunta:
            -¿Podés decirme quién sos vos?
            -Rundúm –dice el chico.
            -¿Y con quien hablás?
            -Con tu mujer y con tu hijo. Pero vos no los ves porque ya se fueron…

                                                                                                           Mabel Fredes

SERENA PIEDAD

        El viento se había detenido. No quería desparramar desilusión.
                                                                                                                    Silvia Cadile

LAS HUELLAS
    
Un día sin sol y sin nubes llegaste adonde empieza el mar. Tus pies tocaron el agua y ellas quedaron en fila, reunidas para llorarte.
                                                                                     Flavio Hernández

REENCUENTRO

Los hermanos viajan en silencio. Cada uno a solas con sus preguntas:
- Diez años sin saber nada de él ¡y justo ahora reaparece!
-¡Qué carajo le habrá pasado! La verdad, me jode este viaje.
-Tuve que pedir permiso en la oficina, pero ¿para qué? El eligió su vida; ¡no entiendo por qué le hice caso a mi hermano y vine! Si esto fuera grave nos habrían dicho.
-¡Menos mal que Marisa me acompaña; no sé cómo me las arreglaría solo! ¿Cómo estará el viejo?
Después, las palabras resuenan en la cabina del automóvil:
-¿Qué opina tu mujer de esta situación?
-Nada, ¡qué va a opinar si ni lo conoce al viejo! ¿Y tu marido?
-Gastón no entiende por qué vine. Yo tampoco lo entiendo.
-¡Es nuestro padre! Más allá de la bronca que tengamos, sigue siendo el viejo. Yo quiero saber cómo está. Además podremos aclarar unas cuantas cosas.
-Sí, cuando se mandó a mudar no pensó ni en vos, ni en mí, ni en mamá. Simplemente se borró y en diez años no supimos más de él.
-¡Ya éramos mayores de edad, Marisa! Y mamá después se guardó su tristeza y nunca habló del tema. Simplemente continuó viviendo…
-Pero a nosotros no nos dijo nada. ¡Y yo quiero saber por qué!
-Llegamos. Ahora nos va a poder explicar esta larga ausencia.
Los hermanos entran en el hospital y preguntan:
-Buenos días. Nos avisaron que Hugo Benítez está internado acá.
-Ah, sí. Ya llamo al doctor.
El médico de guardia les habla con parquedad:
-¿Ustedes son los familiares? Pasen a verlo; ha recobrado la conciencia.
-¿Puede hablar?
-Entren por favor: el estado es crítico; son sus últimos momentos.
                                                                                                             Braulio Senda

UNA NOCHE

- Nunca pensé que iba a ser tan difícil –dice Ana temblando.
- Tranquila, amor; ya se acabó - la consuela Pablo.    
Están tendidos en la arena, borrachos de vino y de pasión.
Hacen el amor como si fuera la última vez.
Saben que el cadáver del marido de Ana fue descubierto.
Los perros de la policía ladran cerca.
                                                                                                   Gladys Abilar

DESNUDO

La mujer posa en el taller del pintor. Esta vez el artista le ha pedido que se desnude.
-Hoy más que nunca necesito que estés concentrada -dice él.
Poco a poco el cuerpo femenino toma forma en la tela.
            -Sé que vas a enojarte, pero debo salir un momento— pide la modelo.
            -¿Salir?  ¿No me entendiste? ¿Qué te pasa?
            -¿No te ha pasado sentir una mirada clavada en la nuca? Temo que mi hija me haya seguido.
            La mujer se viste y entreabre la puerta. Caído en la vereda, un osito de peluche la mira.
                                                                                                                      Teresita Saint Esteben





viernes, 20 de septiembre de 2013

LA CLÍNICA EN LA FUNDACIÓN INTERNACIONAL JORGE LUIS BORGES


Un grupo intenso, hetrogéneo y solidario compartió en la Fundación Borges otro capítulo de nuestra Clínica. Una calificada y numerosa matrícula enriqueció la experiencia y trabajó durante siete horas con alegría y compromiso. Aquí reproducimos el testimonio directo de algunos participantes:



'La Clínica de Microficción fue  muy buena, amena, con mucho análisis y profundidad, en un clima cordial y distendido. Los conocimientos del coordinador y la gente que descubrimos son datos fundamentales a destacar -además, para que lo que se formó integre las vivencias de todos y cada uno-. Desde cada lugar sigamos en contacto. Saludos cordiales'. Diego Lanis
'Estimado Edgardo Epherra: utilizo este espacio para agradecer la experiencia tan grata que hiciste posible. Te mando un abrazo grande y te deseo lo mejor. Espero que en algún lugar del camino volvamos a encontrarnos'. Leonardo Laflitto.
'Queremos invitar a todos los compañeros que cursaron con nosotros la Clínica de Microficción a remitir sus textos para ser difundidos en nuestra radio www.radiodigitalblue.blogspot.com, que tiene un programa dedicado al microcuento los martes de 19.30 a 20.30. Es una forma más de ensanchar los puentes que esta Clínica nos estimula a tender'. José Osvaldo y Nidia Ferrari.


'Hola Edgardo: el encuentro fue muy bueno, en lo personal superó mis expectativas: el contacto con los otros,  el momento de la clínica papel en mano sin vergüenza, y recibir con alegría los comentarios, tus miradas bien claras y certeras, el intercambio, etc. Estuvo hermoso, generó mucho crecimiento, y nos quedaron ganas de más. Comencé a leer tu libro 'La impura verdad', que es otro modo de conocerte; voy despacio, como debe ser, pero 'Los que vienen' me pareció profundamente conmovedor, una escritura realmente diferente; me gustó mucho. Leí otros cuentos donde aparece tu humor, y otros condimentos que manejas bien, pero leer tus textos es un modo de reafirmar lo positivo de habernos conocido, y el deseo ferviente de participar en cuanta propuesta encares, siempre que esté a mi alcance y se den las coordenadas (...) Un abrazo, compañero, y prontito nos volveremos a encontrar; gracias por todo, ya empezaré a comunicarme con los demás amigos de la Clínica'. María del Carmen Allegrone


'La maravillosa jornada que vivimos durante la Clínica de Microficción en la Fundación Borges, me dejó grabadas imágenes como las de estas fotos que comparto (van en archivo). Gracias de todo corazón'. Viviana Rivelli.

'Edgardo: Celebro que la Clínica haya superado las expectativas y te propongo conversar en una entrevista en vivo para mi programa de FM dedicado a la Microficción, que puede escucharse desde todo el mundo por www.fmnoventa.com.ar  los sábados a las 9hs. Un abrazo'. Martín Gardella

viernes, 23 de agosto de 2013

MICROCUENTO


DE LA VIDA IRREAL
            Agudo catador de ficciones, el hombre mira la historia publicada en el diario del domingo y se frota la entrepierna como un mono insatisfecho. No logra identificarse con el personaje y siente que nunca podrá entender la trama, pero una sensación de fatalismo muy parecida a la prolijidad le impulsa a seguir leyendo. Secuestrado por ese morbo interroga los párrafos, mide las frases, pesa algunas palabras, espía el título y por fin desentierra la evidencia. Aprende que una gesta desaforada de medio siglo cabe en veinte renglones con intachable exactitud. Temblando llama a la Redacción para que echen al que escribió su biografía. 
Edgardo Ariel Epherra